La contraseña de Windows es casi un clásico, pero ¿has pensado en añadir un candado extra antes de que tu disco duro siquiera arranque? La BIOS también puede protegerse con clave, y aunque suene a nivel “misiles nucleares”, podría marcar la diferencia si tu portátil se queda al alcance de manos ajenas.
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¿Qué consigue una contraseña en la BIOS?
- Bloqueo antes del arranque: Nadie puede ni cambiar la unidad de booteo ni meterse a reinstalar el sistema si no teclea la contraseña.
- Desalienta a los fisgones: Reemplazar tu SSD o HDD no sirve de nada si la placa madre sigue pidiendo código.
- Protección de ajustes críticos: Impide que alguien altere parámetros esenciales (modo UEFI/Legacy, orden de arranque, overclock…) y deje tu equipo inservible.
Pero… ¿tiene truco?
Como todo candado barato, la BIOS tradicional se resetea quitando la pila CMOS o pulsando un jumper en la placa base. Con ello, vuelve a valores de fábrica y ¡adiós contraseña!
Las placas modernas mejoran esto con chips TPM o módulos de seguridad que requieren código incluso para restos eléctricos, pero si tu motherboard es de hace años, el reset es un paseo.
¿Alternativas más fuertes?
La verdadera barrera infranqueable es el cifrado de disco completo:
- BitLocker (Windows Pro): Cifra tu unidad interna y externa con AES. Sin la clave, el SSD es un ladrillo de plástico.
- VeraCrypt (gratuito): Ofrece contenedores cifrados y discos ocultos.Con el disco encriptado, arrancar desde Linux o macOS será inútil: no verás ni un archivo sin contraseña.
¿Y la contraseña de Windows?
Si solo confías en la cuenta de usuario (la de Inicio de Sesión), olvídalo: hay herramientas en USB que borran —o trocean— esas contraseñas en un par de minutos. Con ellas, quien tenga tu PC teclea un par de comandos y ya está dentro.
Conclusión: capas de seguridad
- Contraseña en BIOS: Un obstáculo minimalista que puede detener a curiosos sin muchas herramientas.
- Cuenta Windows protegida: Obligatoria, pero fácil de saltar con USB mágicos.
- Cifrado de unidad: Tu última línea de defensa. Ni arrancando desde otro OS podrás acceder a tus datos.
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Si eres paranoico (o simplemente precavido), mezcla las tres. Si no, al menos encripta tu disco y olvídate de contraseñas BIOS que se resetean con un destornillador. ¡Tu PC (y tus fotos de vacaciones) te lo agradecerán!